Premio Princesa de Asturias

Una semana en casa. Una semana cumpliendo de forma cívica las normas contenidas en el decreto del estado de alarma donde la sociedad ha reaccionado de forma ejemplar a pesar del desconcierto que muchas veces han provocado las medidas contradictorias del mando unificado gubernamental.

Hace dos fines de semana escuchábamos mensajes en los que se nos invitaba a acudir a manifestaciones por el Día de la Mujer y, a pesar de las risas de muchos tertulianos relativizando lo que ya ocurría en Italia, acudió mucha menos gente a las concentraciones callejeras.

En Valencia también descendía la presencia de ciudadanos en las mascletàs fruto de una concienciación paulatina de la sociedad que asimilaba que algo no funcionaba, que lo que estaba ocurriendo en Italia podía pasar en España, que el Gobierno actuaba muy lentamente. Las personas, alarmadas, tomaban medidas de precaución casi de forma instintiva.

La sociedad civil ha funcionado y el boca a boca ha sido la manera en que muchos ciudadanos se enteraban de cómo prevenir la pandemia; han organizado grupos solidarios para ayudar a los más vulnerables; han impulsado aplausos nocturnos para animar a quienes nos cuidan y para que muchos ciudadanos no se sientan solos.

Los ciudadanos espontáneamente han puesto de manifiesto quiénes son los verdaderos héroes. Sin poder ser exhaustivo quiero unirme a este reconocimiento popular y destacar la labor de sanitarios; Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Ejército, funcionarios de prisiones; abogados del turno de oficio, personal de los juzgados de guardia y de violencia sobre la mujer sin distinción de categorías; personal de los servicios alimentarios; agricultores; personal de limpieza y de empresas estratégicas.

Todos ellos arriesgándose a enfermar merecen recibir premios como el de «Princesa de Asturias». Cuando acabe la pandemia ellos serán los que habrán contribuido a que podamos salir más fortalecidos como sociedad.

Han actuado sin intentar ponerse medalla alguna, al revés que algunos líderes como Pablo Iglesias que no ha dudado en romper la cuarentena en dos ocasiones para intentar sacar partido de esta situación terrible. La primera vez cuando asistió al Consejo de Ministros del 14 de marzo y retrasó 30 horas la aprobación del decreto de estado de alarma al exigir más protagonismo pese a que millones de españoles estábamos pendientes de las medidas que iban a cambiar nuestras vidas.

Esa pugna se saldó con una comparecencia del presidente del Gobierno que, con su cara totalmente desencajada, causó más alarma que tranquilidad, tras haber tenido que ceder el control del Centro Nacional de Inteligencia a Podemos en la persona de Iglesias y posponer varios días la publicación en el BOE de las medidas económicas.

La segunda ocasión fue el pasado jueves cuando realizó una comparecencia en el que se arrogaba tarde y mal su condición de protector social, cuando ese papel lo ha tenido la sociedad civil. No le hemos necesitado para sentirnos aliviados porque nos han bastado los héroes de verdad que de forma anónima trabajan por nuestro bienestar sin pedir nada a cambio, muchas veces con sueldos pequeños y a los que aplaudimos desde el primer minuto.

Por cierto…, me sigo preguntando cuándo dimitirá el alcalde de Valencia, Joan Ribó, me avergüenza su ineptitud, sobre todo viendo el liderazgo de otros alcaldes como el de Madrid.

Visto en:  https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2020/03/22/5e7722adfc6c8318308b458b.html